Los bares más kitsch de España (sí, kitsch)

*creditos imagen: Bar Garlochi en Sevilla por applestruedel con licencia de reutilización Flickr

Los bares más kitsch de España (sí, kitsch)

Lo kitsch es la estética de lo hortera, del mal gusto convertido en arte, y en España tenemos más de un bar que lo lleva a su máxima expresión.

La flamenca encima del televisor, el cuadro de un Cristo que con la perspectiva cambia, unas cortinas excesivamente adornadas y la casa de los abuelos con cientos de fotos de sus nietos, más algunos santos, crucifijos y cuadros recargadísimos. Esto es lo que se conoce como estilo kitsch.

Pero también puede ser de lo más rico. Sin ir más lejos, el artista conceptual mejor pagado del mundo es uno que hace arte kitsch, Jeff Koons, el mismo que diseñó el perrito a las puertas del Guggenheim.

Además, a esta forma de adornar se unen periódicamente nuevos artistas, como ha hecho Rosalía en algunos de sus vídeos, sobre todo en Pienso en tu mirá y Malamente, donde combina elementos estéticos de la España cañí con otros religiosos y de moda urbana. ¿El resultado? Un popurrí súper kitsch.

Y como España es un país de bares, estos también se agarran a este concepto para conformar auténticos altares al gusto recargado, a esa estética que no te gusta nada pero que no puedes dejar de mirar.

El Garlochi de Sevilla por Jason Whitakker con licencia de reutilización Flickr

Bar Garlochi en Sevilla

Pocas ciudades se rinden a la estética kitsch como la capital de Andalucía. Semana Santa, toros, flamenco y vestidos de gitana en la Feria. Lo tiene todo y esto se ve reflejado en uno de sus bares más míticos, el Garlochi, en la Calle Boteros 26, en pleno casco antiguo.

Cuando entras te recibe en el descansillo una enorme virgen rodeada de velas y flores, y al acceder ves un sinfín de Cristos, vírgenes, olor a incienso, oros, tapetes de Semana Santa adornando cualquier estantería... Un monumento kitsch en toda regla. Y como Sevilla es así, entre semana puedes ver a Erasmus y extranjeros residentes en la ciudad que poco o nada tienen que ver con la Semana Santa. Hasta los perretes pueden entrar.

Madame Jasmine en Barcelona

A ver, el Madame Jasmine es una mezcla entre kitsch y turbio. Es Boogie Nights a lo bestia, es el placer del mal gusto. Fotos de gente (y vaya gente) en los baños, velas enormes por la barra, imágenes colgadas tan bizarras que dan grimita, una pared "decorada" con piel de cebra, sillones y sofás que parecen sacados de una porno de los 70 y colores que te harán ir al médico para tratar tu incipiente ceguera.

Todo decadente, muy barrio del Raval, vaya. Es como si Carmen de Mairena hubiese abierto un bar hace años y lo siguiera regentando. Lo puedes encontrar en la Rambla del Raval, 22.

Madame Jasmine en Barcelona por Grandza con licencia de reutilización Flickr

Madklyn en Madrid

Aquí triunfa lo setentero y esa tendencia tan particular de adornar con máquinas de pinball, sillones de skay, paredes tapizadas con papeles cargadísimos, luces fluorescentes... Madklyn utiliza todo esto para decorar un espacio en el que encima podrás oír música estupenda y hasta conciertos en directo.

Aquí el tiempo de la gramola y el guateque ha pasado y ya están con el fenómeno Playboy y ese tono oscuro y transgresor, es el lugar perfecto para los aspirantes a Tony Manero de la nueva generación. Lo puedes visitar en la Calle de San Andrés, 12.

La Fresquita en Sevilla

Al final o al principio de la Calle Mateos Gago (depende de por dónde accedas), que desemboca en la Giralda, te encuentras La Fresquita, un bar pequeñísimo, adornado hasta el último centímetro con imágenes de Cristos y Vírgenes, y en el que todo el tiempo estarás escuchando música de Semana Santa y oliendo a incienso como si llevases a hombros a la Macarena. Un must en la escala kitsch de la ciudad.

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