El cangrejo libertario

El cangrejo libertario

Imagen: Kellepics/ Pixabay.

A lo William Wallace en ‘Braveheart’ (1995) cuando grita aquello de “puede que nos quiten la vida pero jamás nos quitarán ¡la libertad!”. Así ha escapado un cangrejo a su fatal destino como ingrediente sustancial y jugoso de un plato de comida. Sin gritar, claro está, pero con mucha dignidad. Animalito. Porque si el instinto de supervivencia no se despierta cuando estás en una olla hirviendo no imaginamos entonces cuándo se despertará. Pero ya sabemos que todo acto heroico tiene un precio y el cangrejo valiente ha pagado su libertad con una de sus extremidades: él mismo se amputó su pinza izquierda

Acostumbrados a las grandes superproducciones de Hollywood en las que los héroes y las heroínas salen ilesos y de una pieza, la historia de este crustáceo de agua dulce puede resultar un poco gore. Amputarse su propia pinza para facilitar su huida de una olla con agua hirviendo. Un recipiente que está muy lejos de ser un spa alimenticio, donde las verduras y hortalizas que compartían caldo con él no tenían las mismas posibilidades de fuga. El vídeo de la gesta lo ha compartido una chica llamada Jiuke y en muy poco tiempo se ha convertido en viral. El vídeo tenía ya de antemano todos los ingredientes (y nunca mejor dicho) para que así fuera. 

La joven que compartió con el mundo la desesperada huida del cangrejo terminó por apiadarse de él y en vez de empujarle de nuevo a la olla decidió perdonarle la vida. Aunque con una pinza menos de las que tenía antes de esta dramática experiencia vital, el crustáceo reposa en aguas a menos grados que las de la cazuela y más placenteras. Un acuario es su nueva morada. Allí, gozando de una vida puramente contemplativa, espera que el muñón de su pinza izquierda mude y se convierta de nuevo en una pinza 100% operativa. Según los expertos los cangrejos de río pueden hacer crecer sus pinzas varias veces a lo largo de su vida. Ya nos imaginamos a este valiente cangrejo disfrutando de su libertad conquistada y poniendo patas arriba el acuario al ritmo de canciones pegadizas como Sebastian, el cangrejo de la película de Disney ‘La Sirenita’.

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